Migración femenina en Mesoamérica: mujeres haciendo camino.

La migración femenina ha sido una constante en los flujos migratorios de las últimas décadas, pero la ausencia de una perspectiva de género en las investigaciones sobre este fenómeno ha invisibilizado las motivaciones y las experiencias diferenciadas de las mujeres migrantes respecto a los varones. La introducción de la categoría de género como elemento de análisis revela cómo este factor está presente a lo largo del proceso migratorio en todos los niveles y la existencia de mujeres inmigrantes que emprenden de forma autónoma estos procesos, más allá del rol de acompañante.

La mitad de las personas que emigran hacia Estados Unidos son mujeres. En términos relativos, se trata de una cifra prácticamente constante en las últimas décadas pero invisibilizada en un imaginario que asocia la migración a un fenómeno mayoritariamente masculino. El enfoque de género permite evidenciar la modificación de roles y la existencia de perfiles de mujeres migrantes que emprenden de forma autónoma proyectos migratorios, a diferencia del estereotipo de esposa que realiza el trayecto motivada por una reagrupación familiar.

Hablar de la actual feminización de la migración implica abordar la feminización de la pobreza y las condiciones estructurales de violencia de la que miles de personas tratan de huir cada año, especialmente en países como Guatemala, El Salvador y Honduras, donde se unen las altas tasas de criminalidad con la ausencia de oportunidades en el empleo, la educación o la salud. La visibilización de las mujeres como parte activa del fenómeno migratorio permite identificar violencias estructurales que afectan de manera diferenciada en función del género. Aunque hombres y mujeres pueden compartir motivaciones para migrar, como el aspecto económico, la seguridad o desastres naturales, en ellas también se da como factor condicionante la huida de situaciones de violencia, por el hecho de ser mujeres, más aún si se trata de mujeres transexuales. En otras ocasiones, aquellas que deciden emprender un proceso migratorio de forma autónoma han debido asumir el papel proveedor de la familia en solitario, ante la ausencia de un compañero con el que puedan compartir responsabilidades.

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Los nuevos refugiados de Centroamérica

Revista FAL, Sonja Wolf, 3 septiembre, 2015

Animal PolíticoLos países del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) dejaron atrás la violencia política que los azotó hasta principios de la década de 1990 y que resultó en miles de muertos, desaparecidos y desplazados. Pese a que se emprendió la construcción de democracias formales, el paso del tiempo evidenció que las élites no estaban dispuestas a respaldar las reformas institucionales y estructurales necesarias para consolidarlas. La celebración de elecciones competitivas no logra ocultar la persistencia de problemas históricos como la pobreza y la desigualdad, exacerbados por políticas económicas neoliberales; la inestabilidad política, agudizada en Honduras con el golpe de Estado de 2009; las instituciones frágiles y corruptas que no tienen pleno control territorial y un sistema de justicia cuyas deficiencias provocan niveles de impunidad muy elevados.

El crimen y la violencia, que desde hace 2 décadas constituyen la mayor preocupación de la población, afectan sobre todo a los sectores populares. Si bien es cierto que se cometen diversos delitos, destacan entre ellos los homicidios y las extorsiones. Prueba de ello es      que las muertes violentas han alcanzado niveles alarmantes, especialmente en Honduras y en El Salvador, como se muestra en la gráfica 1. Las víctimas son en su mayoría hombres jóvenes de zonas marginales que son asesinados con armas de fuego. Por otra parte, la llamada “renta”, que antes se componía de colaboraciones monetarias a pequeña escala, evolucionó al cobro sistemático y de cuantiosas sumas de dinero. Los blancos son amplios y variados: abarcan desde el transporte colectivo, hasta comerciantes, vendedores ambulantes, restaurantes y bares. La magnitud de este negocio, supuestamente millonario, se desconoce porque muchas víctimas no interponen denuncias por miedo a sufrir represalias. Tanto los homicidios como las extorsiones son asociados con el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha (MS-13), las principales pandillas callejeras (llamadas “maras” en el argot local).

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